La naturaleza y la fe fueron las arquitectas de la Gruta de La Paz, un santuario de la Virgen
María enclavado en una impresionante caverna en el cañón del río Apaquí. La fuerza del agua se
filtró por un brazo de la montaña y allí abrió un escenario lleno de estalactitas, entre las
cuales anidan pequeñas aves y murciélagos.
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Su belleza y su remanso, han servido de inspiración para poetas, pintores
y músicos. La cascada de Paluz, un salto de agua que cae entre dos laderas e irrumpe
entre los sembríos de papa, es otro centro turístico natural.
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